La Inteligencia Artificial ha avanzado mucho en el siglo XXI, pero todavía está
muy lejos de alcanzar los niveles de desarrollo con los que algunos especulaban
hace más de 50 años. No digamos ya de lo que estamos acostumbrados a ver en
libros o películas de ciencia ficción.
La
inteligencia artificial, como muchas otras innovaciones, es de naturaleza
acumulativa, y el logro debe ser optimizarla gradualmente, día a día, en lugar
de poner nuestras esperanzas en la llegada de la Singularidad. Debemos, como
usuarios, ser conscientes de que ya interactuamos todos los días con la
inteligencia artificial... y que posiblemente hayamos ya perdido miles de veces
contra ella (pensemos en los videojuegos).
Para Raymond
Kurzweil, director de ingeniería de Google, señala que "Watson [la megacomputadora de IBM] no es capaz de
entender todos los niveles del lenguaje humano (si lo fuera, estaríamos en el
nivel de la prueba de Turing), y aun así fue capaz de derrotar a algunos
destacados seres humanos en un concurso televisivo como Jeopardy".
Una de las ventajas de la inteligencia artificial es que sus decisiones son
neutrales ante las emociones: se basan en hechos. Su pensamiento intuitivo no
se basa en "corazonadas", sino en la detección de patrones de datos a
partir de la información de registros históricos introducida en el sistema. A
eso se le añade, además, la precisión vinculada a no depender del sueño o
el hambre de la inteligencia que debe analizar tales datos, ni de los
eventuales errores de comunicación entre dos humanos. Las empresas tienen mucho
que ganar adoptando la AI para tomar decisiones en base a grandes volúmenes de
datos, y pueden hacerlo ya, con la tecnología disponible actualmente.
Sin embargo, centrarnos únicamente en las aplicaciones prácticas de la
Inteligencia Artificial podría limitar su desarrollo, tal y como recordaba
recientemente uno de los fundadores de la disciplina, Marvin Minsky: “Los
grandes avances en Inteligencia Artificial se dieron entre los 60 y los 80 del
pasado siglo. En los últimos años no he visto nada que me sorprenda, porque
ahora la financiación se enfoca más en aplicaciones de corto plazo que en
ciencia básica”.
La Inteligencia Artificial avanza
hacia modelos de aprendizaje
basados en patrones no humanos
En el 2016, un robot diseñado para
competir en el complejo juego de Go, fue
capaz de vencer, por 100 partidas a cero,
al campeón mundial. Lo más sorprendente
de este robot, AlphaGo Zero, es que
adquirió el conocimiento mediante un método conocido como Reinforement learning donde
no se necesita aprender a partir de comportamiento humanos, sino que es capaz de generar
conocimiento desde cero. Además, estos patrones de aprendizaje permiten a las máquinas
acumular miles de años de conocimiento en cuestión de horas. Según este punto de partida,
quién sabrá que nuevos AlphaGo Zero surgirán y qué serán capaces de hacer.
Realidad aumentada
Otro de los avances tecnológicos en los que se está
haciendo más hincapié es en la realidad aumentada.
Consiste en la superposición de elementos
virtuales sobre un entorno real al ser captados por
un dispositivo. Tiene aplicaciones en numerosos
sectores: arquitectura, salud, educación, turismo y
muchos más.
La inteligencia artificial que incorporan los dispositivos contribuye a crear una nueva
realidad y adaptarla a las necesidades del actual entorno digital. Primero fueron los códigos
QR, ahora la I.A. ya permite el reconocimiento de marcadores mucho más complejos.
CiberseguridadSegún un informe de Capgemini realizado entre más
de 850 directivos procedentes de 10 países, el 69%
de las empresas no creen posible luchar contra los
ciberdelincuentes sin ayuda de la inteligencia artificial.
Los analistas de operaciones de seguridad ya
trabajan desde hace tiempo con sistemas basados en
I.A. que les permiten analizar millones de amenazas y casos precedentes para anticiparse
a las nuevas herramientas que los hackers usan para colarse en los equipos informáticos.
Por muy inteligentes que lleguen a ser las futuras inteligencias artificiales, incluidas las de
tipo general, nunca serán iguales a las inteligencias humanas ya que, tal como hemos
argumentado, el desarrollo mental que requiere toda inteligencia compleja depende de las
interacciones con el entorno y estas interacciones dependen a su vez del cuerpo, en
particular del sistema perceptivo y del sistema motor.
Ello, junto al hecho de que las máquinas no seguirán procesos de socialización y
culturización como los nuestros, incide todavía más en que, por muy sofisticadas que
lleguen a ser, serán inteligencias distintas a las nuestras. El que sean inteligencias ajenas
a la humana y, por lo tanto, ajenas a los valores y necesidades humanas nos debería hacer
reflexionar sobre posibles limitaciones éticas al desarrollo de la IA.
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